José Manuel Navarro Pando, presidente del Grupo INEBIR: “La tecnología time-lapse cambia por completo cómo se evalúa un embrión, y sin el CDTI Innovación y los fondos FEDER este salto cualitativo habría sido más difícil”
Cada año, miles de parejas en España afrontan un tratamiento de fertilización in vitro con una pregunta constante: ¿cómo están evolucionando sus embriones? Bionac Laboratorio, empresa del Grupo INEBIR, trabaja para que esa incertidumbre sea cada vez menor. Su proyecto de implementación de tecnología time-lapse en el laboratorio, respaldado por el CDTI Innovación y los fondos europeos FEDER, representa un salto cualitativo en la forma de monitorizar, seleccionar y acompañar el desarrollo embrionario desde sus primeros instantes
Hay empresas que nacen para cubrir un hueco en el mercado y otras que nacen de una convicción. Bionac Laboratorio pertenece a estas últimas. Surgida en el seno del Grupo INEBIR, la compañía se creó con una idea muy concreta: que la distancia entre la investigación científica y su aplicación clínica real debía ser la mínima posible.
“Nace ligada al desarrollo de INEBIR y a su apuesta por integrar asistencia clínica, embriología avanzada e investigación en reproducción humana”, explica el profesor José Manuel Navarro Pando, presidente del Grupo INEBIR y director de la Unidad de Reproducción Humana y Cirugía Endoscópica, quien ha liderado desde el inicio este proyecto con vocación científica y asistencial.
Con 17 profesionales en plantilla —14 de ellos en el departamento de I+D, entre embriólogos, especialistas de laboratorio, perfiles científicos y técnicos—, Bionac trabaja de forma integrada con el equipo clínico de INEBIR. No como estructuras paralelas, sino como un sistema diseñado para que los avances lleguen cuanto antes al paciente.
La empresa acumula ya una sólida trayectoria investigadora, con proyectos como TRABIS y DELFOS, presencia habitual en congresos especializados y publicaciones en áreas como la genética reproductiva, la selección embrionaria y la optimización de tratamientos de fertilidad. Su actividad se asienta principalmente en el mercado nacional, aunque la llegada de pacientes internacionales —procedentes de Francia, Italia, Reino Unido, Portugal y Latinoamérica— refleja una proyección exterior en crecimiento.
El embrión bajo otra mirada
En este contexto, Bionac ha puesto en marcha uno de sus proyectos más ambiciosos hasta la fecha: la implementación de un incubador de embriones con tecnología time-lapse orientado a mejorar los resultados de los tratamientos de fertilización in vitro. Para entender su relevancia, hay que comprender primero cómo funciona —y qué limitaciones presenta— el modelo tradicional de cultivo embrionario.
En un laboratorio de reproducción asistida convencional, la evaluación del embrión implica sacarlo periódicamente del incubador para observarlo al microscopio. Cada vez que eso ocurre, el ambiente de cultivo se interrumpe. Son momentos breves pero significativos. El time-lapse elimina esa fricción: una cámara integrada registra el desarrollo embrionario de forma continua, sin necesidad de mover el embrión ni alterar las condiciones del cultivo.
Pero Navarro Pando subraya que reducir esta tecnología a “un incubador con cámara” sería quedarse muy corto. “La gran diferencia entre un incubador convencional y uno time-lapse no es únicamente la incorporación de una cámara, sino el cambio completo de paradigma en la evaluación embrionaria. Este último combina cultivo estable, monitorización continua, análisis morfocinético y herramientas de inteligencia artificial para realizar una selección embrionaria más objetiva, precisa y menos invasiva”.
En la práctica, esto significa que el embriólogo deja de contar con fotografías aisladas del desarrollo embrionario y pasa a disponer de una película completa. Y esa diferencia, en términos de información y capacidad de decisión, es enorme.

Personal del laboratorio Bionac (INEBIR) estudia un embrión
Saber más exige pensar diferente
El principal desafío que ha traído consigo esta tecnología no ha sido técnico, sino interpretativo. Al disponer de muchos más datos sobre el desarrollo del embrión, el equipo de laboratorio ha tenido que aprender a leerlos de otra manera.
“El reto es la nueva clasificación embrionaria teniendo mucha más información sobre el desarrollo embrionario, y lo abordamos entrenando al personal del laboratorio en el estudio de la cinética del embrión”, señala Navarro Pando.
Por lo demás, los protocolos de trabajo diario se han mantenido esencialmente intactos. El cambio, explica, se circunscribe al propio incubador. Es un detalle revelador: a veces, la innovación más profunda no es la que transforma todo de golpe, sino la que se instala de forma silenciosa y va cambiando las cosas desde dentro.
Lo que siente el paciente
Hay una dimensión de este proyecto que merece una atención especial y que tiene menos que ver con la ciencia que con las personas que pasan por una clínica de reproducción asistida. Cualquiera que haya vivido de cerca un tratamiento de fertilidad sabe lo que pesa la incertidumbre: los días de espera, las preguntas sin respuesta, la sensación de no saber exactamente qué está ocurriendo con los embriones en el laboratorio.
El time-lapse no elimina esa incertidumbre, pero sí contribuye a reducirla. La posibilidad de monitorizar continuamente el desarrollo embrionario y de compartir esa información con la pareja transforma la experiencia del tratamiento.
“Aporta mayor información, transparencia y sensación de acompañamiento”, afirma Navarro Pando, quien añade que todo ello “incrementa la confianza en el laboratorio y favorece una percepción de atención más personalizada, innovadora y cercana”.
No es un efecto secundario de la tecnología: es, también, uno de sus propósitos.
Eficiencia que cuida el entorno
La tecnología time-lapse tiene, además, una dimensión de sostenibilidad que no siempre se menciona y que va más allá del laboratorio. Al reducir la manipulación de embriones y mejorar la precisión de la selección, contribuye a evitar ciclos de tratamiento innecesarios, con todo lo que eso implica en términos de recursos sanitarios, impacto emocional para los pacientes y eficiencia del sistema.
“Desde el punto de vista sanitario, favorece una reproducción asistida más segura, precisa y eficiente”, apunta Navarro Pando. Y desde el punto de vista ambiental, “la optimización de recursos y la reducción de manipulaciones mejoran la eficiencia operativa del laboratorio”.
En conjunto, lo que emerge es, en sus propias palabras, “una evolución hacia un modelo de laboratorio más digitalizado, eficiente y sostenible”.
Este enfoque conecta de forma natural con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030: con el ODS 3, salud y bienestar, al mejorar los resultados clínicos y reducir procedimientos innecesarios; con el ODS 9, industria, innovación e infraestructuras, al incorporar tecnología de vanguardia en el entorno sanitario; y con el ODS 12, producción y consumo responsables, al optimizar el uso de recursos en el laboratorio y reducir intervenciones evitables.

Personal e instalaciones del laboratorio Bionac (INEBIR)
El impulso público que cambia la ecuación
Un proyecto de estas características requiere tiempo, talento y recursos. En ese punto, el respaldo del CDTI Innovación y la cofinanciación de los fondos europeos FEDER han jugado un papel que Navarro Pando no duda en calificar de decisivo.
“Nos ha permitido acelerar la incorporación de tecnología de última generación al laboratorio y abordar una inversión estratégica con mayores garantías”, afirma. Sin ese acompañamiento, la ecuación habría sido mucho más difícil de cerrar.
Pero hay algo que Navarro Pando valora tanto o más que el componente financiero: el efecto sistémico de este tipo de financiación sobre el conjunto del ecosistema innovador español. En su opinión, “este tipo de financiación desempeña un papel fundamental, especialmente para empresas que apuestan por la I+D aplicada y la tecnología sanitaria, ya que reduce barreras de acceso a la innovación, fomenta la colaboración científica y favorece la creación de empleo cualificado”.
El impacto social, añade, es perfectamente medible: “Permite desarrollar herramientas más precisas, mejorar la calidad asistencial y ofrecer a los pacientes tratamientos más avanzados, personalizados y eficientes, contribuyendo al progreso científico y al bienestar de la sociedad”.
Una innovación sin línea de llegada
Cuando se le pregunta a Navarro Pando si, una vez completada la implementación del time-lapse, tienen previsto seguir incorporando nuevas tecnologías, la respuesta dice mucho de cómo entienden la innovación en INEBIR. No hay un anuncio concreto ni un siguiente proyecto ya cerrado. Pero sí hay una actitud.
“En INEBIR apostamos por la evolución constante y la mejora continua. Nuestro objetivo es seguir incorporando avances y desarrollos que nos permitan ofrecer una medicina reproductiva cada vez más precisa, personalizada y basada en la innovación científica”.
Es la lógica de quien entiende que, en medicina, como en ciencia, la meta siempre está un poco más allá. Y que el laboratorio —ese espacio donde la biología y la tecnología se encuentran para ponerse al servicio de algo tan profundo como el deseo de ser padres— merece que así sea.
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