Itziar Carracedo, directora de proyectos de AIMPLAS: “El apoyo del CDTI Innovación nos ayuda a transformar residuos agrícolas en bioplásticos competitivos”

Con el respaldo del CDTI Innovación, AIMPLAS - Instituto Tecnológico del Plástico lidera, junto a otros tres centros tecnológicos de referencia, una iniciativa orientada a reducir la dependencia de los combustibles fósiles mediante el desarrollo de materias primas eco-innovadoras. Este proyecto transforma residuos y subproductos agroindustriales en materiales avanzados, demostrando que la sostenibilidad ambiental y la rentabilidad económica son viables en sectores como los envases, el transporte y la agricultura.

Itziar Carracedo, directora de proyectos de AIMPLAS

La industria del plástico se encuentra en el centro de una profunda transformación global. Tras décadas centrada en optimizar la productividad y los costes de transformación, las empresas se enfrentan ahora a un escenario donde la sostenibilidad y la economía circular dictan las reglas del mercado.

En esta línea de cambio se sitúa el AIMPLAS - Instituto Tecnológico del Plástico. Fundado en 1990 en el València Parc Tecnològic (Paterna), este centro tecnológico privado nació con el objetivo de dotar al sector de una infraestructura clave para el desarrollo de materiales y la mejora de procesos. Tras más de tres décadas de trayectoria, la entidad actúa hoy como un socio estratégico para potenciar la competitividad de las empresas, impulsando la innovación tecnológica con la economía circular y la sostenibilidad.

Su último gran hito se enmarca en la Red MARFIL, una ambiciosa iniciativa que lidera junto con AITIIP Centro Tecnológico, Fundación para la Investigación y Desarrollo en Transporte y Energía (CIDAUT) y Fundación GAIKER, y que cuenta con el apoyo del CDTI Innovación a través de la línea de ayudas Cervera. Como explica su directora de proyectos, Itziar Carracedo, la meta responde a una necesidad clara del mercado: "El plástico sigue siendo un material esencial para sectores como envase, automoción, construcción, salud, energía, agricultura, electrónica o movilidad, pero su uso está sometido a una presión creciente por su impacto ambiental, la generación de residuos y la dependencia de materias primas fósiles”.

Instalaciones de AIMPLAS en el València Parc Tecnològic (Paterna)Instalaciones de AIMPLAS en el València Parc Tecnològic (Paterna)

En este contexto, el proyecto MARFIL nace con una idea decidida: “avanzar hacia plásticos más sostenibles, reduciendo la dependencia de materias primas de origen fósil y aprovechando mejor los recursos renovables, residuos, subproductos agroindustriales y otras biomasas alternativas".

En este sentido, el proyecto también se alinea con la Agenda 2030 y contribuye especialmente a los ODS 9, 12 y 13, al impulsar la innovación, la producción responsable y la reducción de la dependencia de materias primas fósiles.

 

De los residuos agrícolas a los biomateriales

Respaldada por el CDTI Innovación, la Red MARFIL se centra en reducir la distancia entre la investigación científica de los bio-recursos y su aplicación real en las fábricas actuales. A pesar de que ya se comercializan algunos bioplásticos, su implantación en el mercado todavía es muy desigual, ya que las alternativas derivadas de residuos agrícolas aún deben resolver importantes desafíos técnicos de procesado y optimización de costes. “Estas tecnologías todavía necesitan avanzar en escalado, estabilidad de propiedades, procesabilidad y validación industrial”, detalla Carracedo.

Convertir un residuo agrícola en un material de alto valor añadido es un proceso que se desarrolla en varias fases. Todo comienza con la selección del residuo, del que se extraen componentes útiles como azúcares, aceites o fibras naturales. Después, esas fracciones se transforman en nuevos biopolímeros o se incorporan como aditivos y refuerzos. A continuación, se desarrolla el material para que pueda procesarse en maquinaria industrial convencional, con propiedades estables y competitivas. Por último, se evalúa su comportamiento en aplicaciones reales. De esta manera, el proyecto MARFIL aborda de forma integral todo el ciclo de vida del material: desde el tratamiento previo de la biomasa y la creación de los nuevos polímeros hasta la comprobación final de su capacidad para ser reciclados, compostados o reutilizados.

 

Transferencia tecnológica para mitigar el riesgo empresarial

Para AIMPLAS, el valor de la investigación de vanguardia está en su capacidad para llegar al mercado y generar un impacto económico y social medible. Por eso, el centro trabaja con un enfoque muy práctico, implicando a las empresas desde el inicio en la definición de los requisitos técnicos, para que la investigación responda a problemas reales del mercado. “Esto es especialmente importante en materiales plásticos, porque una innovación no tiene valor si no puede procesarse, escalarse y cumplir los requisitos técnicos, económicos y normativos del mercado”, explica la directiva.

Además, AIMPLAS dispone de laboratorios, plantas piloto y capacidades de prototipado que permiten cubrir ese tramo intermedio entre la investigación y la industria, reduciendo así el riesgo para las empresas. Esto les permite tomar decisiones con datos antes de acometer inversiones industriales. 

 

Trabajo en red con el apoyo del CDTI Innovación 

Un proyecto de esta magnitud exige sumar capacidades científico-técnicas complementarias. Con esa idea, la Red MARFIL se articula como un consorcio de excelencia integrado por cuatro centros tecnológicos de referencia nacional. "La colaboración entre AIMPLAS, AITIIP, CIDAUT y GAIKER es uno de los elementos clave porque permite reunir capacidades tecnológicas complementarias que difícilmente tendría un único centro por separado", señala Itziar Carracedo.

El proyecto transforma residuos y subproductos agroindustriales en materiales avanzadosLa Red MARFIL transforma residuos y subproductos agroindustriales en materiales avanzados

Los cuatro centros aportan experiencia en materiales, transformación de plásticos, biopolímeros, procesos industriales, validación de producto y transferencia al mercado. Esa combinación permite abordar el proyecto de forma integral, desde la obtención y tratamiento de materias primas renovables hasta la formulación de nuevos materiales, su procesado, caracterización, validación en aplicaciones concretas y análisis de sostenibilidad.

Para Carracedo, el respaldo del CDTI Innovación a través de la línea de ayudas Cervera ha sido fundamental para poder abordar un proyecto de esta ambición y con una clara orientación estratégica. Además, ha permitido reducir el riesgo asociado a líneas de investigación de elevada complejidad tecnológica, que requieren continuidad, especialización y validación a medio plazo.

“No se trata solo de financiar una línea concreta de investigación, sino de consolidar conocimiento, pilotos y metodologías que después podrán transferirse a las empresas. También permite generar capacidades propias que permanecen en los centros tecnológicos una vez finalizado el proyecto”, destaca.

Desde el punto de vista empresarial, el apoyo del CDTI acelera la llegada al mercado de alternativas sostenibles y económicamente viables para sectores de gran consumo: “las ayudas Cervera han permitido acelerar una línea de trabajo estratégica para AIMPLAS y para la industria española: transformar la investigación en materiales renovables en soluciones reales, competitivas y alineadas con los retos de circularidad, descarbonización y sostenibilidad que demanda el mercado”, afirma.

 

Hacia una industria más circular

Con la mirada puesta en los próximos años, AIMPLAS orienta su estrategia a responder a las exigencias normativas europeas en materia de descarbonización y envases. El principal desafío del sector pasa por planificar la economía circular desde una visión integral del ciclo de vida del producto. En este sentido, Itziar Carracedo subraya que “el reto será concebir la economía circular pensando en qué materias primas se utilizan, cómo se transforman, cuánto duran y si pueden volver a convertirse en materias primas de calidad”.

Para lograrlo, el ecodiseño se perfila como una fase clave para las empresas, ya que la sostenibilidad y la reciclabilidad deben incorporarse desde la propia concepción del producto. Al mismo tiempo, la industria deberá mejorar la calidad del material reciclado mediante tecnologías avanzadas de clasificación y reciclado químico, apoyándose en la digitalización para demostrar con datos su beneficio ambiental.

Por otro lado, el mercado demandará soluciones específicas para sectores estratégicos como la movilidad sostenible, la energía y la defensa, a través de polímeros más duraderos y tecnologías duales. Ante este escenario, AIMPLAS reforzará su papel como aliado tecnológico para acompañar a las compañías en su reconversión, conectando la investigación aplicada y las plantas piloto con las necesidades reales del mercado.  “Nuestra función será conectar investigación aplicada, capacidades piloto y conocimiento regulatorio para acelerar la transición hacia una industria del plástico más circular, sostenible y competitiva”, concluye.

 

CDTI Innovación

El Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, CDTI E.P.E. es la agencia de innovación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, cuyo objetivo es la promoción de la innovación tecnológica en el ámbito empresarial. La misión del CDTI es conseguir que el tejido empresarial español genere y transforme el conocimiento científico-técnico en crecimiento globalmente competitivo, sostenible e inclusivo. En 2025, en el marco del Plan Estratégico 2024-2027, el CDTI proporcionó 2.423 millones de euros de apoyo a empresas y startups españolas.

 
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